Miedo

21Feb14

Mi mayor miedo en la vida, ese que me trae pesadillas desde chica, es que las personas a quienes amo se mueran. En mi vida adulta he tenido que enfrentarme una vez a esto, cuando murió la Poli… y hasta el día de hoy es un tema no superado.

La muerte de mis papás que me atormenta de manera específica. Siempre he sido muy regalona, he sido muy amada por ellos, me lo han dado todo y así lo he sentido. Han construido una familia linda, que supera problemas, que se lo puede con todo.

Mi mamá quedó “huérfana” a los 24 por ahí. Primero murió mi abuelo Jaime de cáncer y al mes siguiente mi abuela Marta chocó camino a Viña (donde iba de visita a la casa de mis papás y a ver al Yoyo, mi hermano grande que ya había nacido), junto con su mamá (mi bisabuela) y mi tío menor (el Titi, hermano de mi mamá). El único que sobrevivió mi tío. Yo aún no nacía. No alcancé a conocer a este parte clave de mi familia y esto siempre ha sido tema. Mi mamá nunca lo pudo superar, un dolor inmenso siempre la ha acompañado. He logrado conocer a mi abuela y abuelo por las historias que siempre acompañan las conversaciones, sus fotos, preciosos mis abuelos. Pero la falta de ellos en la vida adulta de mi madre siempre ha estado ahí. De forma silenciosa y de forma directa: no sabes lo que es vivir sin el apoyo de tus papás, me hace falta mi mamá para darme consejos, te sientes huérfano, te sientes desprotegido, etc. En resumen, la vida de mi mamá cambió de un día para otro cuando ella, como hermana grande, se quedó sin sus papás.

Yo siento que no podría vivir sin ellos, sin llamar 3 veces al día a mi mamá, para hablar de todo y nada, de lo que cocinamos, del trabajo, de la oferta en el supermercado. Soy MUY hija, no sé cómo describir esto, pero siento un techo emocional con ellos. Es la sensación de protección más máxima que uno pueda sentir. Y eso lo siento tambalear con la enfermedad de mi mamá.

Mi miedo más grande está aquí, presente, en un diagnóstico. He soñado mucho, camino al trabajo pensando en qué pasará, cómo irá a funcionar la quimio, cómo ser de más ayuda, cómo hacerla sentir fuerte. He rezado, pero no tanto, me cuesta. No sé que hacer, estoy inquieta, preocupada, con ganas de gritar y de romper un par de platos.

Tengo mucho miedo y no se lo puedo decir. No dimensiono lo que está pasando, por un lado tampoco quiero ser negativa, necesito hablar bien el lunes con el doctor, pan pan vino vino. Organizar mi 2014 en torno a ella, tal vez cancelar nuestro viaje a Europa; renunciar a mi trabajo si ella me necesita. No sé como acompañar a mi papá, no sé qué siente, esta semana se lo preguntaré directamente.

En el trabajo he recibido mucho apoyo, de parte de mi equipo mi jefe, la semana que viene trabajaré desde la clínica o la casa de mis papás. No quiero estar ausente de nada, no quiero arrepentirme nunca de haber dado menos de lo que soy capaz. De darle todo mi amor y apoyo más incondicional, como ella me lo ha dado a mi.

Siento un torbellino en el pecho y este post es un vómito en palabras. Quiero despertar y que esto sea un mal sueño. Quiero ser adulta y dar lo mejor de mi. Quiero sanar, quiero que esto no esté pasando. Quiero tener fe. Quiero que esto no esté pasando. Quiero a mi vieja por 30 años más junto a mi. Quiero que conozca a sus nietos, que éstos la recuerden. No quiero que les pase como me pasó a mi que no pude conocer a mi abuela. Necesito una seguridad y no la consigo. Mi mente da vueltas y vueltas y llego al miedo. Al miedo más puro del ser humano.



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