Finito

18Oct06
Hoy, luego de meses de “arduo” trabajo mental y documental puedo decir que TERMINÉ MI TESIS. Se titula así: “Discurso hispano-jesuita del mapuche colonial en crónicas del siglo XVII

Les dejo un extracto de la conclusión, para que se hagan una idea:

Una nación se imagina a sí misma, y en esa invención encuentra su sentido. Las naciones se distinguen no por la falsedad o autenticidad de lo que narran sobre sí mismas sino por el estilo en el cual son imaginadas. Es decir, por los gestos, las palabras y los silencios que eligen para narrarse. Una nación es, al fin de cuentas, imaginación. De esta manera podemos tomar el peso de lo que la literatura colonial significó en la conformación del imaginario de nuestra nación y de nuestra cultura, de lo que se quiso dibujar y de lo que se decidió borrar. Las obras de Pineda y Bascuñán y de Ovalle son ejemplo claro de lo anterior, por cuanto perfilan lo que en aquella época se deseaba gestar como memoria y realidad de nuestro pueblo.

El análisis de las obras nos lleva a un punto clave dentro del estudio del otro: la dicotomía civilización-barbarie. Siendo la civilización, la civitas romana, uno de los puntales de Occidente, no deja de ser significativo que el término “barbarie” se registre antes que el anterior. Una primera conclusión que podemos inferir de ello es que la cultura occidental se ha basado en y ha necesitado de la exclusión del otro como operación privilegiada para instituir el “yo”. Queda claro, y damos por supuesto, que la subjetividad se constituye en tanto más opuesta a, que complementaria con, la otredad. Para ello opera el eje civilización-barbarie, que pone al primer término de la dicotomía del lado de Europa, trátese de europeos nativos o americanos europeístas, y al segundo, en la necesidad de alterar su mismidad en provecho de un supuesto “progreso” mediante tácticas violentas que llegan incluso al exterminio.

La negación del otro, dice Christian Delacampagne, en L´invention du racisme, caracteriza desde sus orígenes a la cultura occidental. Para ésta “el otro, incluso en lo que puede tener de maravilloso, termina por provocar la angustia – por que ese maravilloso no es sino superficial y sospechoso de ocultar profundas monstruosidades – (…)”[1]. No es casual que las definiciones negativizadoras de los llamados bárbaros, gentiles, infieles o paganos, sean ya de África o América, sean intercambiables. La manera negativizadora consiste siempre en la figuración del otro como monstruo. “El monstruo es, ante todo, una metáfora, señala (monstruo viene de mostrarse) algo que no es él”[2].

Comprender y ver al otro instala el peligro de la interpretación de las culturas. Pueblos originarios, como los mapuches, muchas veces se niegan a ser interpretados. Lo interesante es notar desde qué lugar determino al otro, sin comprender que soy el otro de ese otro. Es en ese sentido que pienso que el autor – principalmente Ovalle –, y los hispanos en general, adaptaban dependiendo de la situación lo que les gustaba o no de los mapuches, si les significaba un beneficio, pues entonces tal o cual cualidad era loada, pero si por el contrario ésta les traía molestias o limitaba sus ansias de poder y expansión entonces se le tachaba de ser una característica propia de bárbaros e incivilizados. Así, al final se jugaba con la imagen del indígena, confundiéndose incluso ellos mismos de lo que tenían en frente. Podríamos decir que se trata de un discurso que instrumentaliza la figura del mapuche, por cuanto éste se convierte en lo que los cronistas desean trasmitir de ellos.

Debemos saber que estas historias son contadas siempre por el vencedor, tal vez todas las historias son contadas por los ganadores; desde que Colón pisó tierra americana ya la guerra daba por ganador a un bando, el de los europeos. Por lo tanto, y lamentablemente, aquí no tenemos la visión de los indígenas sobre ellos mismos, o su concepción sobre sus otros, llámense europeos u otros indios; siempre veremos esta historia a través de los ojos y de las palabras de los occidentales, por lo que la historia que estamos rememorando es la historia de la sociedad europea en América: América como extensión de Europa, quedando muchas veces sus nativos en calidad de seres inferiores (animales), o inclusive en simples objetos.

A lo largo de la tesina he hecho hincapié en el poder de la palabra (discurso) y en su impactó en la conformación de identidades y de imágenes. Al llegar al Nuevo Mundo los europeos no vieron necesario reinventar su repertorio nominal. Nombraron flora, fauna, costumbres, todo según los nombres, las palabras, de la tradición occidental; le imputaron a la América naciente mitos y utopías gestados en las matrices occidentales. Así, podríamos decir que la primera visión de América fue una proyección de un mundo conocido, propio. Desde esta perspectiva, el “otro” y lo “otro” no tuvo cabida, salvo que fuese susceptible de “domesticación”. Tzvetan Todorov, en su libro La conquista de América, sostiene que la aparición en el juego de un “otro” supuso, en una primera etapa, la correlación de las acciones “comprender-tomar-destruir”, en la que el saber quedó subordinado al poder.

La urgencia de una expansión de la fe cristiana – como pudimos apreciar en ambas obras –, no separable del mundo político occidental, que en España, además, adquiriría un matiz mucho más incisivo, obligaba a conquistadores y misioneros a emprender una lucha “idoloclasta”, donde la imposición de la imagen en tanto signo se erigiría como el medio más pertinente para contrarrestar el sentido de las imágenes prehispánicas, ídolos ante los españoles. Si lo pensamos bien, al mismo tiempo que se buscaba eliminar los ídolos y las imágenes indígenas, lentamente se trataba de borrar al sujeto indígena mismo.

Finalmente podemos decir que ejercer la memoria sirve para delatar aquellas maniobras de borradura de las huellas que fabrican el olvido y la indiferencia. Al contrario, recordar trae al presente lo ya vivido, y procura mantener vivos aquellos aspectos de la historia de un pueblo que no les fueron indiferentes a sus contemporáneos.

No creemos en esta tesina haber inventado preguntas nunca antes enunciadas. Nuestro mundo está lleno. Siempre lo ha estado. Los lugares vacíos han sido solamente la ficción de su descubrimiento, ya que siempre existía ahí un indígena.




[1] Delacampagne, Christian. Racismo y Occidente. Editorial Argos Vergara, Barcelona, 1983. p. 72

[2] Ibid., p. 77



3 Responses to “Finito”

  1. 1 Javier

    Felicitaciones…!!!

  2. 2 Fran

    Gracias… felicitaciones x tu viaje nuevamente, y suerte en el video clip !

  3. 3 Anonymous

    Muchisimas felicitaciones y congratulaciones amiga porque finalmente terminaste tu tesis…espero que ahora Benjamin te ponga ese merecido 7 que te lo mereces!!..la verdad no entiendo mucho del tema y estaba un poco larga para leerle entera..pero te pasaste pa tener una conclusion tan bienr edactada y analizada respecto al tema de tu tesis..MUY BIEN!!!

    DIU


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