"Niña del mundo rotante"

04Nov05

Acabo de dormirme. Sueño que un día me fui. Pesqué todas mis cosas, las que en verdad no eran muchas, ya que tiendo a regalar periódicamente lo que no me sirve, para luego comenzar a amontonar de nuevo. Bueno. La cuestión es que me largué. No quise esperar a tener 55 años y mirar hacia atrás y darme cuenta que hace veinte y tantos años me hubiera gustado irme. No sé adonde me fui. Me perdí. No conocía el mundo. Se acaba de poner a llover.

Así parte todo, cuando el homo urbanus se hastía de la ciudad y se convierte en homo perdidus. Mejor perdido que atrapado, eso está clarísimo. El estar perdido conlleva estar libre. Este, Oeste, Norte y Sur son los horizontes que la invitaban a extraviarse por el mundo.

Me fui al Oeste de mi vida y del mundo. Siempre dicen que no hay que perder el Norte, pero sabe alguien realmente cuál es. Para mí el norte fue siempre adelante. Literalmente adelante mío. Me acuerdo cuando era chica y me enseñaron los puntos cardinales; la mano derecha era el Este. En este Oeste me encontré con una mujer anciana, tendría doscientos años. Ella me contó cómo, hace más o menos veinticuatro años, los ejes del mundo habían rotado. Un terremoto. El mundo se dio vuelta. Ese mismo año nací yo. Escucho los truenos, mi perro ladra desesperado. Sigo soñando.

Le pregunté a la vieja cómo se había dado cuenta sobre esto de los ejes,

–Mira ese árbol a tu lado –me dijo–. Ese árbol nació cuando el mundo fue creado, tiene millones de años y en sus hojas está escrito lo que quieres saber–.

Asombrada caminé hacia él, tomé una de sus hojas (no importaba si uno se las sacaba, éstas crecían nuevamente frente a los ojos de los incrédulos) y noté que había algo dibujado. Un triángulo y unas estrellas. Raro, era exactamente el mismo tatuaje que me hice en la espalda hace un par de años, pensé.

–Pero… si esto ya lo conozco –tartamudié–.

–Sí, lo sé, pero sabes lo que significa –me preguntó–.

–En realidad no. Lo tengo grabado en mi espalda pero nunca le busqué el significado – respondí con un poco de vergüenza–.

–¡No te de vergüenza niña! Te lo hiciste porque una noche tuviste un sueño. Soñaste con un niño, él te daba una carta. Dentro de la carta había una foto con ese dibujo.

No supe qué pensar. Reconozco que me dio miedo. Miedo de saber que existía una señora que sabía más de mí que yo misma. Pero ella no parecía mala, no era bruja ni machi, sólo era vieja, y el haber vivido mucho en el oeste (que no es nada como tu mundo) le daba esta sabiduría.

–Pero cómo este dibujo puede explicarme que fue lo que pasó hace veinticuatro años, y por qué lo tengo tatuado en la espalda –la interrogué–.

Nos sentamos en el suelo y comenzó a contarme todo. Cuando ella era joven había llegado un hombre al pueblo, él era vidente y le vaticinó lo del terremoto, también le dijo que el árbol sería la única muestra de que los ejes terrestres rotarían. Lo vería en sus hojas. En ese momento ella no entendió mucho. Pasaron los años y ocurrió lo que ella pensaba era pura charlatanería de un hombre perdido. Las flores del árbol comenzaron a brotar hacia abajo (el árbol siempre se llenaba de flores en primavera, pero flores que buscaban el sol, extendiéndose hacia arriba) y en sus hojas se dibujó el triángulo. El mundo había cambiado. El tatuaje…

–Tú soñaste. Los sueños comunican, te comunican con el mundo. En tu inconsciente tú sabías que el día de tu nacimiento algo había ocurrido en la tierra. Esto no significa que hayas llegado al mundo para cambiarlo, sólo que tú misma eres hija del cambio. Naciste en el movimiento, llegaste para cambiarte a ti misma. El tatuaje es el símbolo de eso, y lo grabaste en tu piel para no olvidarte jamás de rotar, de cambiar de rumbo, de piel, etc. –me dijo la vieja sabia–.

La lluvia golpea la ventana. Me concentro en mi sueño, me acurruco en los pliegues de las sábanas, como protegiéndome y protegiendo también mí sueño.

–¡Ahhhh!, y qué es lo que pasa cuando siento que TENGO que cambiar, cuando sueño con el niño que me entrega la carta, cuando me rayo un maldito tatuaje en la espalda que no sé lo que significa, pero todo lo que está a mi alrededor me dice: no cambies, los cambios significan crisis y, recuerda, las crisis te volverán loca – grité con lágrimas en los ojos–.

–Niña, niña del mundo rotante, esa respuesta yo la sé bien, pero no te la puedo decir. Se acabaría tu vida. Ustedes la deben hallar por sí mismos, no será fácil; el mundo no quiere entregarles las respuestas. Él ya se cansó –dijo finalmente la vieja–.

Estaba más confundida. La anciana me había dado respuestas, o pistas mejor dicho. Así, llena de preguntas, con un tatuaje simbólico y con una hoja en la mano, la dejé. Me voy nuevamente. Roto, giro, deambulo.

Este. En mi mano derecha está el Este. Caminé. Corrí. Llegué. Lloré. Me siento perdida y el Oeste me dejó intranquila. Paró de llover y mi perro ya se durmió. Camino por un río, observo a los peces que nadan entre mis dedos. Ellos me miran. Escucho algo. Ella y él. Ellos. Voces que vienen de atrás, del pasado. Estoy en el ayer. A mi derecha está lo vivido. Me detengo y observo, y luego pienso.

Pienso. Escarbo. Dudo. Ellos no me ven, se ríen y pelean. Hablan de mí, que ya no estoy, que me fui, que cómo es posible si era tan inteligente y podría haberse quedado como estaba. Están borrachos, echan las culpas al viento. Siguen sin verme. Los extraño, a ti más que a nadie (no sé quien eres pero me haces falta). No te conocí nunca, pero me hablaste muchas veces, te ignoré y me quisiste igual. Te acercas, me ves.

–Creí que te habías ido para siempre –me dices sin hablar–.

–No creías mal, me fui, pero ando buscando cosas (¿qué son cosas?), y por un segundo pensé que las encontraría en el ayer. Ahora me doy cuenta qué equivocada estaba. ESTO no sirve, not for me anyway. ESTO, AQUELLO (YO) – yo no estoy. Pero… ¡por la mierda, no sé como vuelvo, me imantan sin saberlo! –le respondo–.

Y tú me abrazas. Si de algo he renegado es de la indiferencia. El silencio por miedo no es silencio, es cobardía. Callas y callas, pero por dentro te estás muriendo. Si no saltas hoy saltarás mañana, pero antes, te lo pido por favor, habla. No estoy para lo inhabitado, para lo inmóvil. Te suelto y me voy.

Sur-qué los mares del planeta. Mi perro me sigue, fiel. Hace frío y yo estoy desnuda ante la tierra. Estrujo mi pelo y lleno mis pulmones. Camino hasta una cueva, hay fuego. Hay gente. Gente. Gente. Dentro de la cueva hay un dibujo, y lo sé reconocer. Aprieto la hoja en la mano. Me siento .



3 Responses to “"Niña del mundo rotante"”

  1. 1 barbaridad

    Creo que deberías preocuparte de ir a un taller literario, y explotar tu beta de escritora al máximo. Se te nota a la legua que te gusta y eres buena .
    No dejes de hacerlo

  2. 2 Anonymous

    Wow !!!

  3. 3 Anonymous

    Ayyy….. me encantóoooooooooooo !! No sé por qué pero me sentí identificada.


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